MUSEO ETNOGRÁFICO DEL PAN
El Museo Etnográfico del Pan, antigua panadería de Valdelarco, es un homenaje a las tradiciones y costumbres artesanales de la fabricación del pan y al panadero de Valdelarco, que durante tantos años ha dedicado su trabajo a la elaboración y distribución del pan para todos los aldeanos de esta localidad.
Aprovechando las herramientas encontradas en las ruinas de la antigua panadería, se ha confeccionado un pequeño museo etnográfico. Todas las piezas rescatadas, una vez seleccionadas y catalogadas, se han ido repartiendo entre las distintas estancias de esta vivienda.
Esperamos que este Museo acerque al visitante a una de las tradiciones más importantes y antiguas de la humanidad como es la elaboración del pan.
Los fondos del Museo
En este museo podemos encontrar una gran variedad de objetos utilizados en la fabricación del pan, como el horno principal de la antigua panadería de Valdelarco, la artesa, los cedazos, el torno de amasado y varias palas de panadero. También se muestran algunas medidas de capacidad, el celemín y el cuartillo, que se usaban para medir los áridos.
Las labores del campo también están representadas en esta colección de materiales etnográficos. Son instrumentos utilizados en las distintas tareas agrícolas, desde la preparación de la tierra para la siembra hasta la posterior recolección. Se puede observar un antiguo arado romano, una horca, yugos de varios tamaños y distintos objetos destinados a la criba de los cereales.
La colección contiene numerosos instrumentos relacionados con el transporte, como las angarillas que se colocaban sobre el burro para transportar los cereales o la harina, la carretilla donde se vertía el contenido de las angarillas, bidones de hierro estañado y diferentes tipos de cestas realizadas con varetas de acebuche o caña para uso y apaño del panadero.
Entre las ruinas de la antigua panadería se han rescatado unas libretas de contabilidad que datan de principios del siglo XX, donde el panadero anotaba las ventas de hogazas de pan del día.
El panadero y el pan
Antiguamente el pan era elaborado por cada familia en su propia casa, para lo cual disponían de un pequeño horno encima del hogar de la cocina, o bien se desplazaban con la masa hasta el cocedero, que era un horno de propiedad comunal situado en el pueblo. Años más tarde, fueron los panaderos los que se encargaron de suministrar el pan directamente a los vecinos.
Existían dos calidades de pan: de primera y de segunda. El trigo era molido en molinos de piedra; después se cernía con cedazo de red estrecha y se sacaba la flor, con la que se elaboraba el denominado pan de primera. Posteriormente, se volvía a cerner con otro cedazo de red más ancha y se conseguía la harinilla con la que, unida a un poco de flor, se preparaba el pan de segunda. Por último, quedaba el salvado que en tiempos de hambre se utilizaba también para hacer pan pero que, generalmente, era empleado como alimento para los animales.
Hasta mediados del siglo XX el pan se elaboró de forma manual, amasándolo en grandes artesas de madera, de donde, cortado en trozos y pesado, se pasaba a una mesa para conseguir la forma redondeada de la hogaza que, posteriormente, se colocaba ya extendida sobre unos tableros cubiertos con sacos y se tapaba con maseras -trozos de tela de lino- hasta que la masa soltaba y se consideraba que era el momento de introducir la hogaza en el horno.
Con la innovación de las máquinas amasadoras y el torno disminuyeron considerablemente los trabajos relativos a la elaboración del pan. Este torno se utilizaba para sobar la masa a fin de que ésta tomara una mayor consistencia. La masa era pasada por unos rodillos.
El consumo de pan ha ido disminuyendo a medida que nuestra sociedad ha conseguido un mayor poder adquisitivo. Así, las grandes hogazas de antaño han sido sustituidas por piezas de pan más pequeñas y por todo tipo de alimentos cárnicos, pescado y vegetales.
De todas formas, el pan sigue siendo un alimento básico en nuestra dieta diaria por su aporte de hidratos de carbono.